Bohemia y soledad ~ SAUL PÉREZ GADEA - Uruguay por Carmen Borda.

Bohemia y soledad ~        SAUL PÉREZ GADEA  - Uruguay  por Carmen Borda.

 

  Saul Pérez Gadea, escritor y poeta nace en Santa Clara de Olimar, Treinta y Tres en 1929, y muere en Montevideo en 1969.

Vino a Paysandú en el año 1958, traía un concurso ganado para dar clases de Literatura en el liceo. Traía un baúl lleno de papeles: poesías, cuentos ensayos, obras de teatro, algunos inéditos, otros publicados en revistas y diarios.

Había incursionado en cantidad de trabajos para poder subsistir, comentaba a menudo sobre su experiencia en trabajos varios, enfatizaba mucho en los que había realizado anteriormente, en la construcción y en una panadería. Tuve la satisfacción de conocerlo en primer año de liceo en una charla que dio para todos los estudiantes.

En Paysandú se rodeó de un grupo de amigos, con los que alcanzó a editar un cuaderno Nuestra voz” con algunos de sus poemas.

Vino con su madre, esposa y dos hijos, la cual luego lo abandona y regresa a Montevideo, él queda viviendo siempre con su mamá.

Su Bohemia y su soledad lo llevó a una vida solitaria.

Pérez edita su único libro Homo ciudad en Montevideo, Uruguay , Ediciones Ciudadela en 1950. primera y única edición..

Es una literatura que podemos enmarcar como surrealista, marca en su libro las miserias humanas pero también las virtudes, una época, pero también siempre una realidad de todos los tiempos. La vida de las prostitutas, la gente de la calle, el obrero, el opulento. ¿Son  o no paraísos e infiernos?

Son los poetas que pueden darse el gusto de pasear por las montañas del purgatorio y llegar a la selva del paraíso.

En Përez está muy bien logrado el contraste de la naturaleza y el medio urbano, la naturaleza como lo bello, lo suave; la ciudad como un infierno geométrico.

 

             Cuando el viento rodea al mar para arrancarle

             sus últimas hojas verdes,

             y las liras de los árboles se cruzan

             y preludian las sinfonías de las lindes esféricas

             anegadas por los esteroides rojizos del poniente;

             cuando con una espiga madura terciada sobre la frente

             la vegetación submarina florece,

             entonces, como un pulpo recién amanecido entre la niebla,

             esplende

             la ciudad; las calles de tiza, las luces fosfóricas,

             los grises callejones

             con olor a entrada submarina,

             los escaparates de luz artificial – paraíso de maniquíes verdes –

             y el hondo abismo de las calles, parece

             un infierno geométrico, con un Dante que sale con paragüas y con lentes.

 

Al leer este libro recuerda, como una visión general a: El poeta en Nueva York de Federico García Lorca, la ciudad como un monstruo que rompe la naturaleza.

En toda la obra de Pérez se nota la agresividad de la visión surrealista, no se toma conciencia realmente de lo que se escribe e impacta al lector, en este caso, lo apacible de los ruidos de la naturaleza al ensordecedor de la ciudad.

El cimiento cubriendo la tierra, rompiendo el ecosistema, la naturaleza que sufre.

Recordemos a Breton y Philippe Soupault ( 1928), pioneros en esa línea. Breton pintó una mujer situada en la frontera entre la razón y la locura.

En esta obra de Homo Ciudad está la calma, la belleza, lo puro, lo diáfano, los colores, ruidos naturales y masacrados por una ciudad como un pulpo, ocupa lugares y contamina todo lo que está en su paso.

Hace imaginar la podredumbre, la vida nocturna, el alcohol, la droga.

 

La ciudad como:        -     ese pulpo

  • amanecido en la niebla
  • la ciudad como infierno geométrico

 

Recordemos que “la ciudad” es producto del hombre”.

 

                          Pienso también en los hospitales

                          con tenebrosas salas de cirugía

                          y sus rayos X relampagueando

                          y esófagos y brazos conservados en el alcohol

                          y la serpiente roja que va de cama en cama;

                          y enmascarados cirujanos, terribles,

                          con sus enguantadas manos y sus tijeras inexorables,

                           y la sangre inundando las salas, corriendo por los corredores,

                           y saltan los enfermos de las camas por las ventanas,

                           juntando luego sus huesos en el césped llorando…

 

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                            Habla ahora del hombre de la ciudad y el ruido

                            sin válvula de escape, sin evasión eléctrica,

                            metido dentro del cuero, pacentando sus bríos,

                            ¡Hablo ahora del hombre! ¡me describo yo mismo!

                            del hombre entre las palancas moviendo edificios,

                            levantando los puentes, diciendo “tuyo y mío”.

                             Del hombre con la piel y el sueño cansado;

                             el que crucificara al muchacho más triste,

                             al hijo del carpintero y le llamó: “Divino”.

                             Cansado ya del Ratio, del Mens, de de su ubicuidad terrestre

                             De su ancestro peludo

                             Para imitar a Apolo su sonrisa divina.

 

                             Del hombre que vio a Heliogábalo en su danza,

                              En sus ritos hermafroditas, elevando las piernas a la luz asexuada.

                              Es el hombre que se miró en el agua turbia de la enfermedad

                              y vaticinó la llegada del Superhombre.

                              Es el hombre Juan y el hombre Pedro,

                              que defeca, ama, compra de vez en cuando un libro,

                              viola los diez pecados capitales. Orina, eructa, fornica,

                              y escribe libros, gruesos libros de leyes,

                              para justificar aquello de “diente por diente”.

                             Es el hombre que muere sin hoja del árbol genealógico,

                             El hombre que se hunde en el polvo,

                               o emigra hacia un planeta abandonado como una vieja casa

                               con gruesas telarañas de volcanes; y una caravana de dioses desterrados

                               con polvo de estrellas en las sandalias frías.

 

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                              “Pero un hombre sobre las risas y las bebidas, está muriendo…

                                muriendo lentamente;

                                con raíces hundidas en una pesadilla de imágenes dadas vueltas…

                                muriendo lentamente;

                                con raíces hundidas en una pesadilla de imágenes dadas vueltas…

                                muriendo lentamente

                                mirando tras unos lentes de saudades la ciudad y los años crecen…

                                muriendo lentamente.

 

En resumen Pérez Gadea, abarca los cuestionamientos universales del hombre, un sabedor y un visionario, por eso le dolía tanto el mundo.

En su escritura de modelo surrealista aparece una verdad absoluta de todos los tiempos.

Esa forma de mirar el mundo a través de la poesía, lleva a una sensibilidad tal que lo aleja de la realidad, pero a su vez, es la realidad misma.

Así dijo: “Yo mismo desde mi pieza de pensión hablo a mis conciudadanos, a mis vecinos…y les cuento al mundo la realidad”…

Es como a través de esta impresionante obra obligado a verificarlo todo.

Poeta no valorado en su dimensión, desde que lo estudié hace unos años atrás, me dolió mi ignorancia, del saber que estaba en este lugar, y que fue un grande en una sociedad indiferente.

 

Hoy con inmensa alegría alguien recuperó la obra. Se publicó el libro El ojo de la tempestad de parte de Diego Techeira, escritor que, de parte particular y con dinero de su propio bolsillo fue capaz de editar la obra de Saul Pérez Gadea, un grande de las letras uruguayas.

 Siguen habiendo quijotes en todos los tiempos para levantar la bandera de la justicia.

 

María del Carmen Borda de Kondraski

Escritora y poeta de Paysandú, Uruguay.

Integrante de la Casa de los Escritores del Uruguay.

<carmenbo@adinet.com.uy>

 

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